6.17.2008

Los falsos recuerdos del Conde Pátula


Hubo tiempos, muchos tiempos (muertos, ocupados, sueños) en que hasta creí lo que me dije que debía creer. Había averiguado un poco, y la lectura calmó ese miedo que, de tan grande, no me dejaba ni sugerirme siquiera, eso que sabía que no podría. Y esa pregunta con la que despiertas de vez en cuándo ¿y si de verdad ocurrió? qué oscura agonía. Todos tenemos secretos. Les llamo secretos, porque no lo haz pronunciado jamás. Nunca. Una resplandeciente amiga me dijo una vez, que siempre que tengas un secreto, estás sola. Tenía razón. Me da igual, todo me da igual, estoy harta de la tortura imaginaria ¿y si todo fuera gratuito? cansada de que los demonios refloten cada ciertos años como salidos de las catacumbas de una cabeza, ¡de mi propia cabeza! Un silencio, un silencio en esa cabecita de cristal, un recoveco (un recoveco que se pueda descifrar), sólo necesitamos un poco de fe amigos y todo estará solucionado. {No despertar de noche, nunca más, saber que no fue más que un apronte a los siete infiernos y que esa canción miente, que para mí amanece más}

1 comment:

Anonymous said...

me quedo con que es un invento del cerebelo

para hacerse parte de la locura

sino

como!?

saludos hija

Nicole